Capítulo I. Lo que hacía Juan el de los Colores todos los días

(fragmento)

Juan el de los Colores no tenía oficio ni beneficio. O eso se podría pensar, puesto que no trabajaba en ninguna de las ocupaciones que la gente realiza habitualmente como quien es saltimbanqui, malabarista o volatinero.   Juan el de los Colores tenía una paleta y una caja de colores con tres pinturas: roja, amarilla y azul. Y tenía un pincel de pelo de gato y un cepillo de dientes que encontró debajo de un sofá.   Se levantaba muy temprano para abrir la noche. Deshilaba las costuras del horizonte, como si fuera una granada que se rajase al llegar el veranillo del membrillo dejando ver los granos carmines y brillantes de su interior. Acicalaba de cárdeno y malva las alboradas, esparcía por el cielo azulenco almohadones de nubes y destapaba el grifo del horizonte para permitir pasar a la luz del sol que, a aquellas horas tan intempestivas, se desperezaba soñoliento.

Capítulo 1. Lo que hacía Juan el de los colores todos los días

Capítulo 1. Lo que hacía Juan el de los colores todos los días

Comenzaba así la jornada para Juan el de los Colores.   (…)   Y cuando la noria del sol estaba a punto de llegar al final de su recorrido, Juan el de los Colores salía al prado para guardar el violeta de los lirios y el gualda del diente de león. Recogía todos, todos los colores, y los encerraba en sus tres botecitos de pintura que tapaba con mimo. Mientras la oscuridad se desparramaba voraz por el paisaje hasta conseguir que todo lo que había quedase en nada, a él le entraba una somnolencia tontona que le hacía bostezar. Porque Juan el de los Colores se acostaba temprano para poder madrugar al día siguiente y alumbrar al sol en su amanecer.   (…) … para conciliar el sueño, se contaba un cuento en voz alta. Un cuento fresco y nuevo cada noche, un cuento que nunca nadie había contando antes.   Y tanto él como el resto del mundo escuchaban atentos.   Y al finalizarlo, las últimas luces de las casas se apagaban, se callaban los relojes de cuco y hasta los búhos cerraban sus enormes ojos de ámbar.

 

continuará en el libro de Juan el de los Colores

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